Los «Chalecos amarillos» paralizan carreteras y refinerías en Francia

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Las protestas de los conocidos como «chalecos amarillos» contra el aumento de los impuestos a los carburantes han vuelto este lunes a la carga y han bloqueado carreteras y refinerías. Esto ha ocurrido después de la tensa jornada que se registró el sábado, y que terminó con la muerte de una mujer, alrededor de 400 heridos, y cerca de 300 detenidos.

En unos 2.000 puntos de todo el país, cerca de 282.710 personas, según datos oficiales, cortaron autopistas, carreteras y calles en un movimiento sin líderes y desligado de partidos y sindicatos que desconcierta al Gobierno francés. La movilización es un toque de atención para el presidente Emmanuel Macron, que, desde que en 2017 llegó al poder, ha superado sin problemas las protestas sindicales con la reforma laboral y la de los ferrocarriles públicos.

La revuelta de los chalecos amarillos, también bautizado ya como el “movimiento del 17 de noviembre”, prosigue en Aviñón, Lyon, Caen, Rennes, Cannes y Fréjus, entre otras ciudades. La pretensión de una parte de los activistas que se han echado hoy a la calle es mantener el pulso de manera indefinida, ya que consideran que el Gobierno ha hecho oídos sordos a sus peticiones.

Este movimiento expresa el hartazgo de muchos habitantes de la provincia que se sienten despreciados por las élites y en particular por el presidente Macron. El detonante de la propuesta es el aumento de los impuestos a la gasolina y al gasóleo. El precio del combustible afecta poco a la Francia urbana que se desplaza en transportes públicos, pero que representa una carga cotidiana para quienes viven en pequeñas ciudades o pueblos y necesitan el coche para desplazarse al trabajo.

Las protestas no han hecho cambiar de opinión al Gobierno. En una entrevista con el diario «Le Parisien», el ministro para la Transición Ecológica y Solidaria, François de Ruby, insistió en que no se alterará “la trayectoria prevista” en materia de fiscalidad ecológica. Según De Rugy, es absolutamente indispensable cambiar el modelo de transporte y energético, dejando atrás la dependencia del petróleo.

El balance político es más complicado. El primer ministro, Édouard Philippe, anunció esta semana una serie de medidas, valoradas en 500 millones de euros, para ayudar a los automovilistas con menor poder adquisitivo. Pero no está dispuesto a ceder en aumento del impuesto sobre el combustible, una medida considerada necesaria en la lucha contra las emisiones contaminantes. El 1 de enero de 2019 la tasa sobre la gasolina subirá 3,9 céntimos de euro por litro, y la tasa sobre el gasóleo 6,5 céntimos.

La lista de reclamaciones era larga. Partía del aumento del impuesto al combustible y otros agravios a los automovilistas, y continuaba con la reducción de la velocidad máxima en las carreteras a 80 kilómetros por hora, la subida de cargas a los jubilados, la reducción del impuesto sobre la fortuna, la supuesta arrogancia de Macron o, de manera más general, un denominador común: la percepción de una pérdida de poder adquisitivo por parte de la clase media y el enfado con los gobernantes del país.

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